¿Apostamos por el poder del juego, de verdad?

El otro día descubrí un palabro nuevo: playwashing (sí, en inglés, y no me he puesto a pensar en una posible traducción). La palabra la ha creado Mathias Poulseny si no le conocéis a él y su iniciativa CounterPlay ya estáis tardando. 

¿Y de qué va esto? Pues de uno de los riesgos que creo que nos encontramos hoy en día las personas que nos dedicamos al mundo de la gamificación/juego, etc…

Según él Playwashing describe la situación en la que una empresa u organización gasta más tiempo y dinero alegando ser “juguetona” a través de la publicidad y la comercialización que realmente la aplicación de estrategias y prácticas de negocios que cultivan una cultura lúdica en dicha organización”:

Es decir, el riesgo que algunas organizaciones utilicen el juego de una manera estética, para “lavar su imagen”. Y debo reconocer que ha sido leer esto y pensar en diversas reuniones en las que me han dicho eso de: “gamifícame algo” (sí, eso me lo han dicho a mí directores de Recursos Humanos). Y esto ni es nuevo ni es exclusivo de este mundo, yo ya he visto como se confundían las jornadas de outddoor training con excursiones sofisticadas y de lo que ha pasado en el mundo del coaching mejor ni hablar.

Os voy a confesar un secreto: yo hace años en un determinado momento acabé saturada de talento, empatía y resilencia. Me explico, son 3 palabras preciosas y que definen conceptos que me encantan. De lo que me saturé fue de su abuso, maluso y perversión, y por eso, espero que no pase lo mismo con Gamificación.

La parte positiva de que exista esta amenaza es que se habla de gamificación, ya no es raro escuchar en una  jornada de recursos humanos, educación, marketing.. que el juego en los adultos no solo no es algo malo, sino que tiene efectos muy positivos y que las organizaciones deberían empezar a tomárselo en serio, en esto de que nos tomen en serio creo que el papel de la neurociencia ha sido (y es ) fundamental.

Por tanto,  estamos en el momento de demostrar el potencial enorme que tiene el juego y la gamificación y no permitir que se nos use como coartada para ponerse “una medalla más” de “empresa guay”. No es tarea fácil, porque es mucho más cómodo (y barato) para una empresa apostar por acciones “estéticas” fácilmente publicitadas e incluso virales que apostar por el cambio real (y profundo) que supone introducir la cultura lúdica en las organizaciones, os adjunto una conversación que tuve con Mathias Poulsen al respecto:

No quiero decir que con el juego sólo se pueden hacer cosas profundas (y caras), todo lo contrario ,el juego tiene un potencial tan enorme que nos permite realizar intervenciones de distinto calado y amplitud.

Mi reflexión va en la línea de que como dijo Roosevelt “un gran poder conlleva una responsabilidad” y pocas cosas más poderosas que el juego…

 

4 thoughts on “¿Apostamos por el poder del juego, de verdad?

  1. Ana Ordás García says:

    Me encanta! He leído sobre Mathias Poulsen porque tiene un articulo sobre “Playful Libraries” de 2015 que me gustó mucho. Tienes toda la razón porque yo también he vivido el uso de palabras como gestión del talento y start-up como una forma de camuflar organizaciones que después utilizan una gestión empresarial del siglo pasado. Hay que apostar por las personas, pero de verdad, de corazón. Un abrazo

    • Noemí Blanch says:

      Gracias por tu comentario Ana. Yo hace tiempo que digo que en el mundo empresarial (desgraciadamente) hay dos realidades: la que cuentan en los congresos y su día a día… Yo reclamo defender la profundidad de lo que hacemos, y eso no siempre es fácil. Un beso!

  2. César Alcácer says:

    Hola Noemí. Estoy completamente de acuerdo contigo y con Matias Poulsen. Tú hablabas de empatía, talento … Yo, que aún me encuentro en transición entre vidas profesionales, te puedo hablar de “gestión de la I+D+i” (en organismos públicos) y de sostenibilidad (especialmente de las compañías de agua y eléctricas). Mucho papel hablando de modelos de innovacion de triple hélice primero, cuádruple hélice después, para después nunca pasar a la acción y ponerse a investigar de verdad. Mucha palabra para camuflar. Hace unos 3 años me topé con un ejemplo de hibridación entre greenwashing y playwashing espectacular, por parte de una compañía de agua. Lo que pasa es que en muchos casos, sólo si conoces a la empresa y su modo de trabajo (como era mi caso), es posible identificar que están haciendo *&%#$washing*.

    Como profesionales de la “gamificación” (los que lo son, y los que lo queremos ser) creo que nuestra postura debe ser constructiva, ilustradora y encauzadora, pero sin dejar de ser críticos. Es imposible luchar contra las acciones únicamente “estéticas” de las compañías porque si lo que cuenta es la opinión pública, esas acciones son las más rentables para ellos. “Simplemente” hay que conseguir que vean (y compueben) más allá de lo estético. Y por eso le temo más a la mala gamificación (resultona a primera vista, fácil de vender pero sin resultados positivos) que al playwashing. La mala praxis va en detrimento de toda la profesión y de su credibilidad. La segunda puede ser la vía de acceso (un mal “menor”) a una gamificación más profunda. Todo dependerá de las necesidades reales de la empresa y del interlocutor. Si la necesidad es estética (cómo quiero que me vean), tendremos playwashing. Si la necesidad es organizativa (ej. cómo puedo ser más eficiente), lo estético no funciona, pero hay oportunidades.

    Para acabar con este rollazo, pongo el ejemplo que conozco de mi vida “pasada”. Por si el silogismo sirve de algo.

    *** atención: batallita! ***

    Compañía hidroeléctrica con cada vez mala prensa en temas de medio ambiente contrata a departamento de universidad para hacer estudio de caudales ecológicos en un río. Todo el mundo sabe que es greenwashing pero el contrato pagará parte del sueldo de los becarios y doctorandos, y además permitirá acabar 2 tesis doctorales y publicar 5 artículos científicos. Tras un trabajo de investigación muy serio, tres campañas de muestro, análisis de datos… se le entrega el trabajo a la compañía hidroeléctrica que escoge lo que le da la gana del documento y lo convierte en panfletos que les hace quedar bien, “avalados” por susodicho departamento de universidad. La comunidad científica (y con ella el activismo medioambiental) se tira de los pelos y ataca al departamento por “colaboracionista”. Éste se defiende con los artículos científicos publicados y los resultados de las tesis doctorales (no con el documento original que por contrato pertenece exclusivamente a la compañía hidroeléctrica). El ‘sarao’ es tal que llega a oídos de un cargo superior (persona K) dentro de la compañía que lee el documento original, le parece interesante (de hecho le soluciona un problema interno) y pide que se implanten las recomendaciones en una zona piloto. El tramo de río queda restaurado ecológicamente y el departamento de marketing aparece de nuevo, pero esta vez no vende humo sino resultados visibles.

    ** fin de batallita ***

    Como en los ríos, en la gamificación, para reconvertir el playwashing en algo sustancial, es clave contactar con esa persona K (si existe en la organización); pero como la gamificación inicial sea mala, no habrá persona K que nos pueda ayudar.

    Saludos

    • Noemí Blanch says:

      Totalmente de acuerdo con tus aportaciones Cesar, comparto tu idea de la “mala gamificación” es un gran problema y que podemos aprovechar intentos de “Playwashing” para argumentar del poder de realizar intervenciones “de verdad”.
      Me quedo con la idea de que nuestra postura ha de ser constructiva, ilustradora y encauzadora, mi post pretendía poner el foco y reflexionar.
      Un saludo y muchas gracias por tu comentario.
      Noemí

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